jueves, 25 de junio de 2015

Pelagio Luna: Inteligencia, Honestidad y Conducta


                Su nombre completo, Pelagio Baltasar Luna, nació el 6 de enero de 1867 en La Rioja, hijo de Domingo Luna Herrera, fundador de la Unión Cívica Radical en La Rioja. Desde muy pequeño asimiló los principios y los postulados del Partido. Sus primeros estudios los efectuó en la "Escuela de la Patria", y luego en el Colegio Nacional de esa ciudad, trasladándose después a Buenos Aires, donde se recibió de Doctor en Jurisprudencia el 24 de mayo de 1889, a los 22 años,

Regresó a su provincia en donde ejerció su profesión. Contrajo matrimonio en La Rioja, en 1904, con Neófita Bazán Correa Augier, distinguida dama que pertenecía a las más antiguas casas del interior del país.

                Durante más de veinte años, trabajó en su provincia donde se ganó el respeto y la admiración de todos por su incorruptible honestidad. Por su estudio, que en breve fue el más calificado de la provincia, pasaron asuntos de gran interés, interviniendo en causas de marcada magnitud, que le dieron gran renombre como hábil y digno abogado. En la magistratura fue Juez de primera Instancia en lo Civil Comercial y Criminal, Procurador Fiscal y Ministro del Superior Tribunal de Justicia. Colaboró además en la redacción del Código de Procedimientos de La Rioja y fue miembro de la Convención que en 1909 reformó la Constitución de La Rioja. Asimismo fue Presidente de la Comisión de límites entre su provincia, y las de San Juan y San Luís.

                Fue también profesor de literatura en el Colegio Nacional de su ciudad natal donde obtuvo el respeto y la consideración de sus alumnos, ejerciendo desde la cátedra una labor importante para el radicalismo puesto que muchos de ellos se incorporarían a las filas del partido debido a la admiración que Luna les generaba y también por los ideales que profesaba.

                Fue asesor jurídico ad honorem del Círculo Católico de Obreros, fundado por el sacerdote Vera Vallejo y luego se convirtió en vicepresidente primero de la Comisión Directiva de dicha corporación. Era un creyente fervoroso, practicante y comprometido con los más desvalidos.

                Como periodista, en 1901 fundó y dirigió durante 18 años "El Independiente", colaborando además en "La Prensa" y "El Argentino" de Buenos Aires. Participó del meeting del Jardín Florida en la Unión Cívica, actuó en la Revolución del Parque, formando parte del Comité Nacional en representación de su provincia. Al dividirse el Partido, se adhirió a la Unión Cívica Radical. Fue parte de la Convención Nacional de noviembre de 1892.

Fue un fogoso político y decidido defensor de los postulados radicales, era con todas las letras un Radical bien definido, de conciencia y de convicciones, practicaba lo que predicaba, era un ejemplo de militancia y conducta para los mas jóvenes en quien ellos se reflejaban, vivió y militó sosteniendo bien alto los principios del partido, no defeccionando nunca, ni aún en las mayores adversidades. Palabras de él mismo lo definen: "De rodillas para orar, pero de pie para luchar"

A sus cualidades como político y militante lo apoyaban también sus condiciones intelectuales y personales, era modesto y sincero, afectuoso y servicial. Luchó sin vacilaciones por el triunfo definitivo de la libertad y la justicia. A su modestia y su figura moral lo sostenían además su carácter y sus convicciones, no ha conocido las claudicaciones que envilecen, ni las cobardías que descalifican, tenia un real sentimiento patriótico, todo ello realzado por una palabra suave y persuasiva.

Sus actividades políticas continuaron en su provincia, organizando allí la Unión Cívica Radical, y siendo presidente de su Junta de Gobierno. Fue dos veces elegido diputado provincial, siendo rechazado su diploma por la Legislatura, debido a su condición de opositor. En 1912 fue candidato a diputado nacional, cargo que se negó a asumir por no estar de acuerdo con las prácticas electorales de la época y de tal manera se manifestaba en contra del sistema electoral que convalidaba el fraude del contubernio gobernante de aquella oligarquía conservadora. Fue, sin duda, el representante más genuino del radicalismo del interior del país, y figura protagonista en la creación de la Unión Cívica Radical.
 

Al año siguiente, en 1913, fue candidato a Gobernador por la Provincia de La Rioja, siendo derrotado por el doctor Tomás Vera Barros en una elección signada por el fraude, lo que lo obligó a lanzarse a la revolución contra las autoridades de la Provincia, con la premisa de que se interviniera la Provincia y se llamara a elecciones libres y se garantizara la transparencia del acto eleccionario, como resultado del fracaso de la revolución fue encarcelado durante un tiempo, junto a otros dirigentes y militantes radicales que habían participado del alzamiento.

Dos años después, su nombre era aclamado en la histórica convención del teatro Victoria como candidato —junto con Hipólito Yrigoyen— a la Vicepresidencia de la Nación: presentó su renuncia a ésta candidatura por solidaridad de principios con su compañero de fórmula: pero habiendo sido rechazadas las dos por sus correligionarios, hubo de aceptar el cargo, siendo en consecuencia elegido para ocupar la segunda magistratura del país en los comicios del 3 de abril de 1916. Con 372.810 votos, superando a las fórmulas del Partido Conservador (Ángel Rojas - Juan Eugenio Serú, 154.549 votos), del Partido Demócrata Progresista (Lisandro de la Torre - Alejandro Carbó, 140.443 votos) y del Partido Socialista (Juan B. Justo-Nicolás Repetto, 56.107 votos). De esta forma, la Unión Cívica radical llegaría por primera vez en su Historia al gobierno de la mano de la formula Hipólito Yrigoyen – Pelagio Luna.

Durante su gestión como presidente del Senado se creó la Biblioteca del Congreso Nacional de la que fue su primer presidente. Además supo llevar el cargo de Vicepresidente siendo un ejemplo de virtudes ciudadanas, llegó a armonizar los ideales más amplios y elevados con las manifestaciones más férreas de su energía moral; defendió y luchó por las libertades públicas, que con la fe y la seguridad de un visionario, supo conducir a la democracia argentina.

El historiador Félix Luna quién era su sobrino, manifestó en una entrevista acerca de la biografía de Pelagio Luna que: “Era de una vieja familia de La Rioja, que había participado en todos los acontecimientos de la provincia. Eran de armas llevar y muy políticos todos. Se puede decir que vivían para la política. El era un abogado muy bueno, que no ganó tanta plata como hubiera podido, precisamente por su obsesión por la política.

Hacía política desde tres lugares: primero desde su estudio, donde ayudaba a los amigos del interior con pequeños juicios solucionándoles problemas, legales; segundo, desde su cátedra del Colegio Nacional, donde enseñaba literatura y donde reclutaba jóvenes que después serían profesionales en La Rioja; y tercero desde su diario El Independiente, que fundó en 1904, y en donde daba cabida a la gente joven que quería entrar en la política”.

Prosigue el historiador diciendo acerca de su relación con Irigoyen que: “se convirtió en una pieza fundamental de Yrigoyen en el interior del país”… El Vicepresidente continuó con su leal adhesión al presidente hasta el final de sus días”

Falleció por una enfermedad crónica, reagravada súbitamente por el clima de Buenos Aires, que puso fin a su vida el 25 de junio de 1919, a los tres años de su elección y con 52 de edad. Fue el primer vicepresidente radical fallecido en el ejercicio de su cargo y velado en el Salón Blanco de la Casa de Gobierno, se rescata ante todo las cualidades de un prohombre comprometido hasta el fin con el bien de la patria, siendo una de las figuras mas importantes en lo que respecta a su austera modestia y su figura moral.

El presidente Yrigoyen, en el decreto de honores señaló que debe honrarse la memoria del esclarecido ciudadano, cuya consagración ejemplar al servicio de la Nación lo ha hecho acreedor a su mayor gratitud (25/6/1919).

                En su funeral, las palabras del Dr. Arturo de la Vega, dejan puesto de manifiesto la calidad que Pelagio Luna tenía como dirigente, como hombre y como ciudadano comprometido con los valores más elevados en pos del bien común: “Señores: el doctor Pelagio B. Luna no ha muerto. Vivirá eternamente en la memoria de todos los argentinos y también de los extranjeros, porque ha tiempo ya que su nombre ha sido grabado con signos indelebles en las páginas de oro del gran libro de la gratitud nacional, como uno de los benefactores más sacrificados por el progreso y bienestar de la patria, como uno de los propulsores más esforzados de las instituciones libres y como uno de los exponentes más elevados de la energía moral en la lucha incesante por el porvenir de las generaciones presentes y venideras.”

                Pelagio Luna es uno de los baluartes que los radicales de hoy debemos tomar como ejemplo para recuperar las bases doctrinarias y las conductas ético – morales, para reencauzar los destinos de nuestro histórico partido.



Pablo Eduardo Vázquez

 

lunes, 1 de junio de 2015

Pedro Carlos Molina



             Pedro Carlos Molina, nació en la estancia “El Salto”, provincia de Córdoba. Con respecto a su fecha de nacimiento, durante mucho tiempo se creyó que había nacido en 1855, hasta que el Historiador Fabián Tarquini en su libro "Simplemente Pedro C." donde recorre todos los aspectos de la vida del líder radical, allí transcribe el acta de bautismo por él hallada que da cuenta de que Pedro Molina fue bautizado el 26 de abril de 1855 a la edad de un año y medio, por lo que se descuenta que habría nacido en los últimos meses del año 1853, más precisamente en octubre.
                Fue el primero de siete hijos del matrimonio Pedro Nolasco de Molina y Maldonado y Petrona Camacho, él nacido en Córdoba y ella en Tucumán. El dirigente radical, especialmente en su lugar de nacimiento, era conocido como Pedro C., la razón era para diferenciarlo de su padre a quién se lo conocía como Don Pedro.
                Estudió en el colegio Monserrat, de Córdoba y se graduó en Derecho, con el título de Doctor en Leyes y Ciencias Sociales en 1880. En 1884 se casó con Ventura Barros Matheu, su esposa fallecería en 1902. Más tarde, Carlos Molina contraería matrimonio nuevamente, esta vez con Leocadia Ballesteros Barros, la que era la sobrina de su primera esposa. Molina no tuvo descendencia con ninguna de sus esposas, los hijos que tuvo con Ventura Barros Matheu murieron muy jóvenes.
                Molina, además de abogado, fue periodista y poeta. Comenzó su trabajo como periodista en 1885 en el diario El Eco de Córdoba, con fuerte tendencia con el catolicismo, además escribía para una revista de Francia. En 1890 compró a los doctores Sixto Arias Moreno y David Linares el diario La Libertad, periódico que utilizó para propagar sus ideas liberales y como herramienta para la acción política de la UCR, siendo este diario un claro elemento propagandístico para la Unión Cívica Radical. El perfil claramente opositor de este diario conllevó a que fuera clausurado cuatro años después de su inauguración por el gobierno provincial, retornando posteriormente su publicación. Hacia 1912, el director de La Libertad era su hermano Abraham, también radical de gran relevancia en la provincia y firme defensor de los postulados del radicalismo, el diario desaparecería finalmente en 1914.
Fundadores de la Unión Cívica Radical
                Pedro Molina es injustamente olvidado por los libros de historia, Es muy poco lo que se escribió sobre él, si se tiene en cuenta lo que significó en la vida política nacional, tal vez esto sea porque su figura quedó opacada por la de Hipólito Yrigoyen. No ejerció cargos públicos, pero sí partidarios. Mitrista en un comienzo, en Córdoba, fue uno de los fundadores de la Unión Cívica, ocupando el cargo de Vicepresidente de la Comisión Directiva local constituida el 15 de mayo de 1890, ya en 1891 pasó a ser su presidente. También fue uno de los líderes de la revolución en Córdoba que estalló en esa provincia el 21 de mayo.
                Fue uno de los fundadores de la Unión Cívica Radical, y miembro de la primera Convención Nacional en 1891. Luego de la derrota de la Revolución radical de 1893 y con el fallecimiento de Leandro Alem, la UCR quedo casi extinguida, por esos tiempos, Pedro participó junto a Elpidio González en el Partido Republicano liderado por Emilio Mitre a nivel nacional, fuerza política que pretendió representar el espacio opositor al roquismo. En 1903 cuando el radicalismo se reorganizaba en torno al liderazgo de Hipólito Yrigoyen, Pedro fue convocado junto a Elpidio por el Doctor Gallo a través de una carta en la que lo calificaba como uno de los “correligionarios más importantes de la República”. En 1903, Pedro Molina fue elegido presidente del Comité Nacional de la UCR. En 1905 fue elegido para ocupar la Presidencia provisional de la Nación en el caso de que la revolución radical fuera triunfante. Ante el fracaso de la Revolución Radical se asiló en Montevideo.
                Al poco tiempo regresó de Uruguay para dedicarse exclusivamente a las actividades agrícolas en sus propiedades, y recomponer una fortuna personal que había sido afectada por solventar los gastos de la Revolución. En 1909 renunció a su cargo de presidente honorario del Comité Central de la Provincia de Córdoba, hecho que derivó en el intercambio epistolar con Hipólito Yrigoyen. Este abogado y doctor en jurisprudencia mantuvo una respetuosa polémica con el doctor Yrigoyen que marcó el rumbo definitivo, popular y progresista de la Unión Cívica Radical. Los argumentos centrales que esgrimió Molina para explicar su renuncia fueron que la UCR habría abandonado su programa liberal político y económico y que los “personalismos” habían viciado la disciplina partidaria. Lo cierto es que desde 1909 y hasta su muerte, dejó de participar activamente en la política.
                Sin embargo, su influencia dentro de la UCR cordobesa siguió siendo notable, en marzo de 1912, en la Convención partidaria provincial constituida para elegir los candidatos a Diputados Nacionales, resultó elegido molina sin siquiera participar en dicha Convención, Elpidio González encabezó la diligencia de ir a su casa a solicitarle que aceptara la nominación. Fue el único de entre los candidatos presentados por la UCR que resultó electo, cargo al cual renunció sin llegar a asumir. Pero además, a fines del mismo año su nombre era uno de los que resonaba con fuerza como posible postulante a Gobernador, propuesta que el propio Molina declinó.
                A fines de 1913, regresó a la política al adherirse al Partido Radical Principista, liderado por su hermano Abraham. Sin embargo, su rol en el partido “molinista”, como era llamado fue el de un referente doctrinario más que el de un líder político. El líder activo del partido, que para 1916 había dejado de existir fue su hermano Abraham.
                Respecto de su pensamiento político, construyó su ideario fundado en el respeto y la defensa de la justicia, la libertad y el derecho. Fue un activista de las libertades y derechos individuales, por eso se lo recuerda como un liberal, participó en dos revoluciones políticas, aunque no era muy partidario de la lucha armada, aunque el mismo financió las campañas revolucionarias del radicalismo.
                Dudaba que  la instauración del sufragio universal y la existencia de comicios transparentes mejoraran la vida política argentina con respecto de la República Oligárquica. Molina pensaba, que el progreso moral de la sociedad política y la educación cívica y ciudadana del pueblo era una necesidad anterior a la instauración del sufragio libre. “Creo, como los disidentes, que la misión de los partidos políticos está en la lucha por la defensa de su credo en el comicio… cuando está abierto, y cuando no lo está, como ahora, en la cátedra, en la prensa, en la tribuna, en la escuela misma, enseñando a las generaciones y a los pueblos el cumplimiento de sus deberes cívicos, redimiéndoles de su ignorancia, transformándolos de instrumentos de las comanditas oficiales, en seres libres, conscientes y útiles para las sociedades de que forman parte”.
                Fue un férreo defensor del liberalismo político y económico desde su juventud. Su propuesta coincidió plenamente con la de su amigo Leandro N. Alem. Para estos dos personajes, el “deber histórico” del radicalismo consistía en maximizar el disfrute de la “libertad”, que entendían debía ser tanto económica como política. Su programa político comprendía propuestas tales como el divorcio vincular y la separación de la Iglesia y el Estado, como así también terminar con los privilegios de  un estado oligárquico.
                Tal vez la acción más importante de Molina sea la fundación de la ciudad de Almafuerte. En 1663, el gobernador de Córdoba Lucas de Figueroa y Mendoza le concedió tierras por la destacada actuación en la conquista al capitán Alonso de Molina Navarrete y Zorrita, por lo que puede afirmarse que la familia del fundador ya había echado raíces en estas tierras a fines del siglo XVI. Molina era dueño de la estancia “La Ventura”, también de su vecina “Monte Grande”, en donde está hoy el barrio de ese nombre en Río Tercero. Otra fue “La Merced”.
                El doctor Pedro Carlos Molina, planificó todo en torno a las tierras pertenecientes a su estancia "La Ventura", ubicada en las proximidades de la costa del lago. Demarcó las calles, las avenidas, cada una de las plazas, parques, el lugar de los edificios públicos, el centro cívico, la escuela y la iglesia, todo como veía en la ciudad de La Plata. Fue tanta la visión del fundador que cuando se pusieron en venta los primeros lotes, cada parcela ya contaba con su conexión de agua corriente. Aquel incipiente pueblo resultaba también atractivo por las posibilidades de trabajo que ofrecía el obrador del dique de Embalse, ya que los materiales llegaban por tren hasta Almafuerte. Molina sabía también que el agua era un factor importante para el desarrollo del pueblo. Fue por eso que entre 1880 y 1890 construyó un dique para llevar agua a los campos a través de un canal que atraviesa cerros a lo largo de 12 kilómetros, una verdadera obra de ingeniería que hizo y que concluiría con la fundación del pueblo de Almafuerte el 12 de septiembre de 1912, día en que fueron aprobados los planos que presentó. La ciudad de Almafuerte fue el resultado de la tenacidad de un hombre que no resignó su idea de fundar un pueblo próspero.

                Entre las obras que realizó El Doctor Molina en sus tierras, además de la fundación del pueblo de Almafuerte, también encontramos un dique; un extenso túnel que atraviesa varios cerros; un acueducto sobre un arroyo y cinco canales que sumados recorren como una gran mano 25 kilómetros. Hoy, todavía genera vida para las quintas que rodean a Almafuerte. La obra se inició en 1886, con el objetivo de retener el agua del río Ctalamochita (Tercero) y llevarla en canales para regar los viñedos y frutales que Molina tenía en su estancia. “Molina quería encontrar la manera de mejorar sus campos y construyó un dique sobre el río, cuando no existía ningún embalse”.
                Al fallecer el Dr. Molina el 1° de junio de 1920, a los 65 años, pese a que se trataba de un ciudadano particular, el presidente Hipólito Yrigoyen, personalidad gigantesca, rompiendo todo protocolo burocrático, le decretó honores a Pedro C. Molina por los grandes y desinteresados servicios prestados a la Nación Argentina.

Pablo Eduardo Vázquez

miércoles, 20 de mayo de 2015

Gregorio Pomar: Un Militar y Radical defensor de la Democracia


                Nació en Santa Ana, Provincia de Misiones el 16 de febrero de 1892, Hijo de Gregorio Paciano Pomar Blanchart y Berta Hummel Paunero y hermano Luisa Pomar Hummuel y Adolfo Justo Pomar Hummuel, y proveniente de una familia con gran tradición militar.

                Fue uno de los tantos militares que a finales del siglo XIX y las primeras décadas del siglo XX, allí cuando surgía la Unión Cívica Radical como una fuerza reparadora del sentir Nacional, Republicano y Democrático, se vieron reflejados en el accionar y se alistaron y comprometieron con este proceso popular llevado adelante por la U.C.R.

                Estos militares, como es el caso de Pomar, se formaron a partir de ciertos valores tradicionales que tenía el Ejercito Argentino como eran el respeto a la ley, la libertad y el amor a la Patria, fiel a las concepciones Sanmartinianas, por ende abrazaron la causa nacional y el sentido Republicano, apoyando incansablemente la defensa irrestricta de las instituciones de la democracia como así también el estado de derecho en nuestro País.

                Durante la segunda Presidencia de Hipólito Yrigoyen, Pomar, se desempeñaba como edecán  (asistente personal o asistente militar) del Presidente, el 6 de septiembre de 1930 este gobierno constitucional y popular fue depuesto por el golpe militar que lideró José Felix Uriburu y el grupo de Militares llamados GOU (representantes del Nacionalismo reaccionario y oligárquico), donde participaba él por aquel entonces Capitán Juan domingo Peron.

                Este poder de facto de neto corte fascista y totalitario que se adueñó ilegítimamente del poder y la voluntad popular tomó como primeras medidas las de decretar el Estado de sitio y la Ley Marcial fusilando a los activistas anarquistas Severino Di Giovani y Paulino Scarfó, estableciendo la utilización de la tortura como método represivo contra la oposición, dando comienzo de esta manera a una de las etapas mas vergonzosas y nefastas de la Historia de nuestra Nación que seria bautizada con el título de “Década Infame”, comenzaba la etapa del fraude, la hora de la espada, el totalitarismo y el colonialismo económico a partir de los tratados espurios como el pacto Roca - Runciman.

                Mientras Hipólito Yrigoyen era confinado a la Isla Martín García en carácter de preso Político, Pomar trabajó duramente en restaurar el Estado de derecho, La Constitución Nacional y la democracia en nuestro País conspirando contra el gobierno de facto del General Uriburu protagonizando dos sublevaciones armadas en defensa de la Republica. La primera fue concretada el 20 de julio de 1931, al sublevar al Regimiento 9 de Infantería de Corrientes en un hecho que ha sido conocido como la Revolución de 1931. El segundo, sucedió en enero de 1933, al intentar fallidamente sublevar el regimiento de Concordia, Entre Ríos. Tras el fracaso de sus intentos revolucionarios, Pomar estuvo exiliado de Argentina durante casi una década.

                En febrero de 1931 el general Radical e yrigoyenista Severo Toranzo encabezó un movimiento revolucionario que fue rápidamente sofocado por las fuerzas del gobierno.

                El Gobierno de facto de Uriburu creía que se había terminado definitivamente la etapa radical y por consiguiente la desaparición de la U.C.R. era una realidad. Por tal motivo realizaron la convocatoria a elecciones provinciales, siendo la primera de ellas la Provincia de Buenos Aires. El 5 de abril de 1931 se llevaron a cabo los comicios donde la fórmula de la Unión Cívica Radical Honorio Pueyrredón – Mario Guido derrotó fácilmente a los candidatos Conservadores. Esto provocó la anulación de las elecciones y la proscripción de la Unión Cívica Radical.

                Imposibilitado el radicalismo de acceder a la vía electoral, el 20 de julio de 1931 el Teniente Coronel Gregorio Pomar se alza en armas contra la dictadura del General Uriburu, al frente del 9º Regimiento de Infantería en Corrientes.

                Ante la resistencia de su jefe, el coronel Lino H. Montiel (padre de Sergio Montiel), se produce entre ambos una lucha a golpes de puños y ante el intento de Montiel de desenfundar un arma, Pomar lo mata de un balazo.

                El reclamo de los sublevados, entre otras cosas, exigía la entrega del Poder Ejecutivo a la Corte Suprema y la convocatoria a nuevas elecciones, pero las fuerzas leales al Gobierno de Facto del General Uriburu predominan y sofocan el intento.

                La Proclama Revolucionaria comprendía las siguientes exigencias:

"El Comandante Jefe de las Fuerzas Nacionales de la Provincia de Corrientes al Pueblo de la República

El Ejército Argentino, fiel a sus tradiciones democráticas e invocando el sentimiento de libertad y el más puro amor a la patria, asume con el pueblo mismo en estas horas, la responsabilidad de sus destinos para encauzar a la Nación en las vías de su normalidad institucional, del trabajo tranquilo y fecundo, solidarizando todos los espíritus en un mismo sentimiento de concordia fraternal y perdurable-. El programa de este movimiento trascendental bajo cuya advocación que abraza la causa y prestan solemne juramento de respeto los hombres que lo promovieron, queda establecido en los siguientes términos:

1- Retorno inmediato a la normalidad constitucional con la inmediata asunción del mando gubernamental de la República por el Excmo. Señor Presidente de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, Doctor José Figueroa Alcorta.

2- Constitución de gobiernos provisorios civiles en toda la República, sin distinción de colores o credo políticos.

3- Convocatorias a elecciones simultáneas y generales para la constitución de todos los poderes nacionales, provinciales y municipales de la República.

4- Retorno inmediato del Ejército a las actividades propias de su cometido. Sobre estos principios y el profundo amor a la patria, el Ejército y los civiles a los adscriptos reclaman la cooperación de todo el pueblo de la República, confundido en un solo ideal y en un mismo sentimiento."

Tte. Coronel Pomar Corrientes, 20 de julio de 1931.


                La Revolución de 1931 se frustró porque algunos declinaron participar a último momento, “por inconvenientes en las comunicaciones entre los regimientos que debían sublevarse” y porque la rebelión de Gregorio Pomar no tenía las fuerzas o el poder de fuego suficiente para resistir los ataques del gobierno de Uriburu.

                Como consecuencia recrudeció la represión y la persecución política. Ordenan el cierre de los Comités de la Unión Cívica radical y la detención de los socialistas Repetto, Bravo, Dickman, Ghioldi y Alfredo Palacios; y los radicales Honorio Pueyrredón, Güemes, Rojas, Guido y Mosca, quienes fueron conducidos a la cárcel de Ushuaia. A Marcelo T. de Alvear lo desterraron a Montevideo, mientras que Gregorio Pomar escapó hacia Paraguay para luego asilarse en Uruguay.

En enero de 1933, Pomar encabezaría un nuevo levantamiento, esta vez acompañado, además por numerosos civiles pertenecientes a las filas radicales –entre ellos, Arturo Jauretche. En esta ocasión intentarían tomar el Campamento del Batallón de Ferrocarrileros 1 en Entre Ríos.

El 3 de enero de 1933, un grupo de valientes ciudadanos entrerrianos y radicales, comandados por tres productores rurales Eduardo, Roberto  y  Mario Kennedy, se levantaron y tomaron la ciudad de La Paz (Entre Ríos), en defensa de la democracia, contra el gobierno militar de facto del dictador Uriburu.

En la fracasada sublevación de los hermanos Kennedy estuvieron envueltos el Teniente Coronel Gregorio Pomar y también participó Héctor Roberto Chavero, que fuera conocido luego como Atahualpa Yupanqui.

Ese grupo de ciudadanos paceños encabezados por tres corajudos hermanos salió a la calle a pelear por la democracia. Si bien el intento revolucionario fracasa y Eduardo, Roberto Mario Kennedy no lograron su objetivo, en el pueblo quedó el espíritu de lucha desplegado en defensa de las instituciones democráticas.

Lo que los documentos de la época revelan es que pudo establecerse luego que los principales componentes del grupo de atacantes eran: el ex teniente coronel Gregorio Pomar, Mario Kennedy, Justo J. Soler, Ricardo S. Castro, Pedro C. Castro, Fermín Garay, Heraclio Eudoro Meana, Juan Fonseca, Ramón Sáenz, Mario Lisboa y Tomás Zumalacarregui, todos ellos de conocida filiación Radical personalista

Ante el nuevo fracaso revolucionario, Gregorio Pomar tendría que volver al exilio, esta vez por casi una década.

Ya de regreso del exilio a comienzos de la década de 1940, fue electo diputado nacional por la Capital Federal por la Unión Democrática en 1946, año en que triunfó el candidato del Partido Laborista: Juan Domingo Perón. Su mandato como Diputado era para el período 1946/1948 integrando el Bloque de los “44” diputados radicales que, presididos por Ricardo Balbín se opusieron al gobierno del general Juan Domingo Perón (1946-1952).

                Durante los dos primeros gobiernos de Perón, la oposición sólo se concentró en un reducido grupo de diputados nacionales radicales, el conocido Bloque de los “44”, mientras que en el Senado eran todos peronistas. Durante este período los Diputados de la U.C.R. tuvieron que sufrir estoicamente penurias, denostaciones, vejaciones y persecución de todo tipo.

                En el ámbito interno Partidario, derrotada la Unión Democrática encabezada por el radicalismo, las autoridades partidarias nacionales de la UCR debieron renunciar. Ante la reorganización partidaria, Gregorio Pomar presidió la Comisión Ejecutiva Nacional que tuvo a su cargo la reorganización del radicalismo. Debido a que presidía su partido, en 1948 se negó a presentar su candidatura para obtener su reelección como diputado. Estuvo a cargo del Comité Capital de la UCR en los años 1950-1953.

                El Teniente Coronel Gregorio Pomar arriesgó su vida en defensa de las instituciones violadas con el golpe del 30 y con el fraude “patriótico” de 1932, fue un militar de ley que siempre respetó y defendió los más altos valores Republicanos y desde un principio hasta su fin abrazó la causa Radical: emancipadora, republicana, democrática y de respeto a la constitución Nacional y el estado de derecho. Falleció en Buenos Aires el 20 de mayo de 1954

Pablo Eduardo Vázquez

lunes, 6 de abril de 2015

Mariano Espina: Militar, Revolucionario y Radical


Fue uno de los tantos militares que compartían con aquellos dirigentes de la época como lo eran Alem, Aristobulo del Valle, Bernardo de Irigoyen, Alsina, etc., una misma visión acerca del país, el gobierno, sus gobernantes y los excesos de esta oligarquía que detentaba y abusaba del poder en nuestro país.

Mariano Espina era un innegable patriota, había participado como militar expedicionario de la Conquista del Desierto y creía en la grandeza de un Estado Republicano, en la civilidad y la causa nacional, por ende, fue un interminable seguidor de Leandro Alem y su causa contra el régimen oligárquico, “falaz y descreído”.

Su compromiso lo llevó a participar en la fundación de la Unión Cívica y luego ser uno de los Jefes militares de la Revolución del Parque en 1890 al mando de su Regimiento que se había sublevado y levantado las armas en favor de la revolución.

Más tarde siguiendo siempre a Alem, que lo consideraba su líder político, participaría en la fundación de la Unión Cívica Radical. Allí, fue parte de la Convención Nacional y del Comité Nacional. En los altos cuerpos del Partido sostuvo sus ideas con absoluta intransigencia, mostrándose siempre como adversario de toda componenda con el régimen. Siempre puso por delante su condición de ciudadano sobre su profesión militar.

En 1893 en la Revolución Radical de aquel año liderada por Leandro Alem, aquí también sería un importante artífice de las luchas que fueron llevadas adelante por Alem en Rosario donde el Coronel Mariano Espina lideró un fuerte enfrentamiento contra los leales al Gobierno sobre el Río Paraná.
 
SU INTERVENCIÓN EN LA REVOLUCIÓN DEL PARQUE – 1890


Parque de artillería
En la madrugada del 26 de julio de 1890, Leandro Alem tomó el Parque de Artillería de la Ciudad de Buenos Aires, actual Plaza Lavalle (donde hoy se levanta el edificio de la Corte Suprema de Justicia), ubicado a 900 metros de la casa de gobierno, frente a las obras recién iniciadas del Teatro Colón. Simultáneamente, desde Palermo, el coronel Figueroa y el coronel Mariano Espina sublevaron el Regimiento 9º de Infantería.

Tanto los civiles como los militares revolucionarios comenzaron los enfrentamientos con las fuerzas leales al gobierno en varios sectores de la ciudad. El centro principal de los enfrentamientos se trasladó a la plaza Lavalle que se convirtió en un gran campo de batalla, allí los revolucionarios ubicaron los principales cantones.

El General Levalle ordenó a las tropas leales al gobierno avanzar por la calle Talcahuano contra las posiciones revolucionarias en la Plaza Lavalle, las tropas del gobierno sufrieron un enérgico ataque por parte del batallón encabezado por el coronel Espina y apoyado por los cañones del mayor Day. Las fuerzas leales fueron completamente diezmadas. Fue en este combate en el que murieron gran parte de los soldados y milicianos que defendían el Cantón de la Escuela Avellaneda. El lugar fue conocido con el nombre de "Esquina de la Muerte". En esas condiciones cayó la noche y los combates prácticamente cesaron. Los revolucionarios aprovecharon la noche para consolidar sus posiciones y extender los cantones.

El día 27 de julio a primera hora el general Levalle volvió a ordenar un ataque de las tropas del gobierno contra las posiciones revolucionarias por la calle Talcahuano. El "Cantón Bartolomé Mitre", ubicado en Córdoba y Talcahuano fue el punto crucial del combate durante más de dos horas. Finalmente, las baterías del mayor Day definieron el combate causando gran cantidad de muertos.

En esas circunstancias el Coronel Mariano Espina, desatendiendo las órdenes de Campos, contraatacó por la misma calle Talcahuano, con la intención de atacar la Plaza Libertad por el flanco izquierdo. La lucha se hizo cuerpo a cuerpo.

El martes 29 de julio de 1890, después de cuatro días de combates con centenares de muertos esparcidos por las calles de Buenos Aires, la Revolución había sido derrotada. Uno de sus jefes civiles, el senador Aristóbulo del Valle, firmó la rendición. Dos regimientos, el 1º de Artillería y el 9º de Infantería, no aceptaron la capitulación. Mientras se organizaba la rendición, el coronel Mariano Espina, jefe del 9º, ordenó el ataque hacia Plaza de Mayo. Quería tomar la Casa de Gobierno. El principal obstáculo del coronel insurrecto no eran las tropas oficiales sino sus propios jefes revolucionarios. Espina ya era un sublevado de su propio bando: “Si no te rindes, nos veremos obligados a pegarte cuatro tiros”, lo previnieron. Espina respondió: “A ustedes debería despedazarlos una bala de cañón, por cobardes y borrachos”, respondió. En el atardecer del martes 29 de julio, el jefe civil de la Revolución, el diputado Leandro Alem, se iba del Parque entre decenas de cadáveres y heridos, la revolución había sido vencida.

SU INTERVENCIÓN EN LA REVOLUCIÓN RADICAL DE 1893

El 24 de septiembre Mariano Candioti con un ejército cívico-militar volvió a levantarse en armas en la Ciudad de Santa Fe y luego de dos días de combate fueron derrotados. Ese mismo día Alem llegó a Rosario e instala allí la junta revolucionaria integrada por Oscar Liliedal, Lisandro de la Torre, Martín M. Torino, Víctor Molina, Ferreyra Cortés y otros, la población lo recibió como un héroe, se apoderan de la ciudad y Alem fue proclamado presidente de la Nación en una gran asamblea popular. Inmediatamente se organizó un ejército popular. En el puerto de Rosario, el buque "ARA Los Andes" de la Armada, al mando del teniente de fragata Gerardo Valotta se plegó a la revolución y participó en el Combate naval de el Espinillo donde se enfrentó al Capitán Manuel García Mansilla, lo mismo hizo la torpedera Murature en el Tigre, que en el combate recibió daños de consideración y sufrió tres bajas (el guardiamarina Arturo Ferreyra y dos maquinistas muertos, además de varios heridos), Danuzzio no tuvo más remedio que rendirse. A bordo de este buque se encontraba el coronel Espina quien fue tomado prisionero.

Finalmente luego de combates muy intensos en diferentes zonas de Rosario, Los revolucionarios y las principales figuras de la oposición son detenidos y conducidos a los buques “Ushuaia” y “Rosetti”. El coronel Espina es llevado a la Penitenciaria Nacional, en Buenos Aires.

El Coronel mariano Espina es llevado rápidamente a juicio ante un tribunal Militar, este proceso durará solo un día y el coronel es sentenciado a muerte. Esta acción tomará estado público y producirá un gran debate en torno a la pena de muerte.

Esta condena a muerte por una corte militar  fue la razón determinante de que por primera vez fuesen admitidas las mujeres en el recinto del Congreso. Las damas entraron en el Congreso, Iban a pedir por la vida de un condenado a muerte: el coronel Mariano Espina, sublevado con Leandro N. Alem contra el gobierno de la Nación Las mujeres no habían manifestado jamás su interés por las cosas políticas y los negocios públicos, que pertenecían por entero a los hombres. Pero esta vez lo hacían por un héroe. En la cámara de diputados, después de un arduo debate, se reconoció el derecho de las mujeres a presenciar las sesiones, esta acción puede tomarse como la primera conquista política de la mujer argentina.

En Montevideo se producen manifestaciones exigiendo que el presidente Herrera se dirija al presidente argentino pidiéndole por la vida del coronel Espina. El presidente de Chile se dirige también a Sáenz Peña. En la plaza de Mayo se congregan multitudes, ante tanta presión, la pena fue conmutada por el presidente de la Nación, Luis Sáenz Peña.

Luego de tales acontecimientos, se dedicaría de lleno a la vida política partidaria de la U.C.R.

También corresponde a una iniciativa y obra suya la construcción del Mausoleo que honra a los Héroes del 90. En septiembre de 1892, el Coronel Mariano Espina ante la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires donó a perpetuidad el terreno en el llamado Cementerio del Norte (Recoleta) a fin de que la Comisión presidida por el mencionado Espina se encargara de erigir un monumento a los caídos en dicha revolución. Allí se erigió el actual panteón y monumento a los caídos, cuya bóveda interior guarda los restos de militares y civiles que ofrendaron su vida en la citada gesta así como los de algunos próceres de la civilidad fallecidos posteriormente. Los restos del mismo Mariano Espina se encuentran en el mencionado Panteón.


Pablo Eduardo Vázquez

lunes, 9 de marzo de 2015

La fractura del contrato social


             Desde la Vuelta a la Democracia en 1983 ya han pasado mas de tres décadas de las cuales el Peronismo en sus distintas formas y vertientes ha Gobernado en mas de dos de esas tres décadas y por consiguiente es evidente la importancia y responsabilidad que tiene el Peronismo en la actualidad que vive nuestro País ya que ha sido el principal actor Político de este segmento de la historia política de nuestro País.
                Con respecto a la estructura Social de nuestro país, el primer golpe importante que se le asestó fue durante la década Menemista, allí se comenzó a dañar seriamente el entramado social de nuestro país, la marginalidad vio su nacimiento a partir de las ya conocidas políticas de corte neo liberal, generando gran exclusión social, desocupación y pobreza.

La raíz de la estructura social no ha cambiado desde la crisis del 2001, la marginalidad y la pobreza en nuestro país hoy representa y afecta a mas de 10 millones de argentinos y si a este número le sumamos los otros 6 millones de personas que son sostenidas por medio de los planes asistencialita, queda claramente al descubierto que durante la década K, la pobreza y la marginalidad en la Argentina ha crecido de manera sustancial.

                De igual manera y al mismo tiempo los más ricos son mas ricos y los más pobres más pobres, las distancias en la argentina entre ricos y pobres ha crecido estrepitosamente y esto tampoco se condice con el falaz discurso K.

Estos sectores tan castigados por la desigualdad, la falta de equidad y sobre todo ante la falta de acceso a la educación y el empleo, sin posibilidades de ser parte del contrato social se ven sin presente y sin futuro y han elaborado una sub cultura propia, un contrato social propio y por consiguiente una manera de vivir que los atrinchera en la marginación,  abriendo una brecha entre ellos y el resto. Aquí es donde entendemos que se genera una de las primeras y principales causas de la inseguridad en nuestro país, tenemos una sociedad fragmentada, partida, tenemos dos sociedades, la que vive dentro del contrato social establecido y aquellos que viven fuera del mismo.

La exclusión social es un dato de la realidad que es incontrastable y que, por supuesto, no nació ahora sino que es producto de políticas desacertadas e ineficientes que han creado bolsones de pobreza muy extendidos alrededor de las grandes ciudades. El Peronismo en el Gobierno se ha manejado con total irresponsabilidad en temas cruciales como son la Seguridad, el empleo, la educación y el Desarrollo Social. Lejos de querer resolver los problemas centrales del país y fundamentalmente de la gente ha utilizado a los sectores sociales más desprotegidos para tomarlos como rehenes de su política asistencialista.

Hoy cada vez más pobres son víctimas de la inseguridad y que la falta de políticas reales de inclusión genera violencia. Porque no tienen los recursos para acceder a una seguridad privada”, cada vez se da más el delito de pobres contra pobres. “Hay una ausencia del Estado que debe garantizar la seguridad, la inseguridad lleva a un debilitamiento de la creencia o apoyo de la gente al funcionamiento del sistema democrático”

Para luchar contra la inseguridad hay que pensar en dos tiempos: por un lado, en las políticas sociales para enfrentar las causas del problema: fomentar igualdad de oportunidades, mayor acceso a educación y tener una serie de políticas sociales específicas para mejorar la inserción laboral. Por otro, hay que atender las consecuencias en el presente con políticas de seguridad específicas. Para ello, se necesita un aumento de los recursos destinados a tener mejores cárceles, mejores recursos policiales, una Justicia más informatizada, como para contar en el momento con los antecedentes de cualquier persona. La importancia de los datos es fundamental: El diseño de políticas de seguridad tiene que responder a la evidencia real de los datos y no a las mentiras del INDEC.

La reincidencia también es un flagelo a combatir,  a veces tiene que ver con la difícil reinserción laboral de la persona que estuvo en la cárcel. En otros casos, tiene que ver con que hay unidades carcelarias muy deterioradas que generan lo que se llama un efecto criminógeno, por lo que la persona sale con una carga de violencia y un conocimiento mayor de cómo desarrollar actividades criminales más severas. Todo eso existe y lo debemos atacar. Lo que no podemos es ignorar la reincidencia. El que cometió delitos en el pasado es más proclive a cometerlos en el futuro, y podemos hacer cosas sobre sus causas, pero no podemos ignorar el problema.

Pablo Eduardo Vázquez