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miércoles, 22 de julio de 2015

Francisco Beiró: Predicamento y Honradez por la República

                Nació el 19 de septiembre de 1876 en Rosario del Tala, Provincia de Entre Ríos. Egresó como bachiller del Colegio del Uruguay de Concepción del Uruguay y como abogado de la Universidad de Buenos Aires donde se doctoró en el año 1901.
                Fue Comisionado Municipal y Presidente de la Comisión Municipal de Vecinos, Intendente Interino de la Capital.

                Fue presidente de la Convención Nacional y del Comité Nacional de la UCR, diputado nacional entre los años 1918 y 1922. Ocupó el cargo de Ministro del Interior durante los últimos meses del primer gobierno de Hipólito Yrigoyen, allí por 1922, en reemplazo del doctor Gómez.

En 1928 acompañó en su segunda candidatura presidencial a Hipólito Yrigoyen, como candidato a Vicepresidente. La fórmula resultó vencedora, pero Beiró falleció el 22 de julio de 1928, poco antes de asumir el cargo.

                En la ciudad de Buenos Aires llevan su nombre la Avenida Francisco Beiró, principal arteria del barrio de Villa Devoto, en el que residió

                Participó en la revolución Radical del 4 de Febrero de 1905 junto con Hipólito Yrigoyen. En 1912, cuando el radicalismo, a partir de la ley Sáenz Peña inicia su reorganización general con miras a la toma del poder por las urnas, el doctor Beiró presidirá un comité parroquial, formando parte para 1914 del Comité Nacional, del que será presidente hasta febrero de 1922. En 1918, también es nombrado Comisionado Nacional en la Provincia de San Juan.

                Dedicó mucho tiempo y esfuerzos por el progreso y crecimiento del barrio de Villa Devoto será desde 1917 hasta 1920 presidente del Concejo Escolar N° 17, desde donde fundará en 1918 la Asociación de Protección a la Niñez, cuya presidencia ejercerá y cuyo móvil filantrópico será alterado a su muerte, transformándose el “Instituto Roca” que administraba, de ejemplo de enseñanza para niños pobres en un simple “Reformatorio”.

                También participó en la creación del Club Estudiantes de Buenos Aires que en esa época se llamaba Sportivo Devoto.

                Era un hombre sencillo que habitaba en la calle José Luís Cantilo esquina Marcos Paz, Villa Devoto. El edificio principal de su vivienda se conserva y allí residen sus descendientes.

                Se dice según cuentan algunas crónicas de la época que fue Francisco Beiró quién recordando y haciendo honor a la revolución del Parque de 1890 tomara la iniciativa de popularizar como distintivo de la Unión Cívica radical aquellas boinas blancas usadas en la mencionada revolución radical. En cuanto acto público del partido hubiera, sugería a los correligionarios concurrir con su boina blanca.

                En 1926 Francisco fue candidato a gobernador de Entre Ríos, la fórmula fue: Francisco Beiró-Gregorio Morán, en lo que fue la primera confrontación entre dos fórmulas de un común origen cercano. La fórmula del Radicalismo de Entre Ríos (denominación del peculiar antipersonalismo provincial) que resultó triunfante fue Eduardo Laurencena - José María Garayalde.

                Fue elegido el 24 de marzo de 1928 por la Convención Radical Personalista como candidato a Vicepresidente por 142 votos contra 25.

                En las elecciones presidenciales que se desarrollaron el 1° de abril de 1928, la fórmula radical, formada por Hipólito Yrigoyen (con 76 años) y Francisco Beiró, triunfa de manera abrumadora sobre el binomio Antipersonalista Melo-Gallo. La Fórmula de la Unión Cívica radical Personalista fue elegida por una masa impresionante de votantes  838.538 votos contra 414.026 de Melo-Gallo y menos de 65 mil de la tercera Bravo – Repetto. Todos los opositores juntos no sumaban los sufragios radicales. Esta elección sería llamada como el gran plebiscito, justamente por la exorbitante diferencia de votos con los que Hipólito Yrigoyen se adjudicó su Segunda Presidencia. Meses más tarde, muere Beiró y el Colegio Electoral designa en su reemplazo al gobernador electo de Córdoba, Enrique Martínez. Yrigoyen asumirá el poder el 12 de octubre de 1928, en medio del delirio popular.

                Hipólito Yrigoyen gran amigo y correligionario de Francisco Beiró en la militancia, concurría con asiduidad a su domicilio durante el período de su enfermedad.

                El Doctor Francisco Beiró se distinguió a lo largo de su carrera política por su honradez, honestidad e integridad moral puesta al servicio de su ideario republicano.

                Fue un expositor singular y un hombre de gran inteligencia y predicamento. Su figura adquirió dimensiones nacionales, gozando de gran prestigio y admiración por la gran militancia radical. Fue una de las figuras más brillantes de la época con las que contó la Unión Cívica Radical.

                Su conducta y lealtad, además de compartir ideológicamente a un punto extremo con los postulados que el partido defendía le valieron el reconocimiento y la amistad del gran caudillo radical, Hipólito Yrigoyen.

                Al momento de su deceso era aún muy joven, 51 años, su único bien era su casa de Villa Devoto, sobre la que pesaban dos hipotecas. Después de una larga enfermedad fallece el 22 de julio de 1928 sin poder ejercer el cargo para el que había sido nombrado.

                Hoy sus restos, transformados en cenizas descansan en el Panteón de los héroes de la Revolución del Parque, en el Cementerio de la Recoleta, junto a aquellos ilustres líderes que hicieron grande a la Unión Cívica radical.

 


Pablo Eduardo Vázquez

lunes, 1 de junio de 2015

Pedro Carlos Molina



             Pedro Carlos Molina, nació en la estancia “El Salto”, provincia de Córdoba. Con respecto a su fecha de nacimiento, durante mucho tiempo se creyó que había nacido en 1855, hasta que el Historiador Fabián Tarquini en su libro "Simplemente Pedro C." donde recorre todos los aspectos de la vida del líder radical, allí transcribe el acta de bautismo por él hallada que da cuenta de que Pedro Molina fue bautizado el 26 de abril de 1855 a la edad de un año y medio, por lo que se descuenta que habría nacido en los últimos meses del año 1853, más precisamente en octubre.
                Fue el primero de siete hijos del matrimonio Pedro Nolasco de Molina y Maldonado y Petrona Camacho, él nacido en Córdoba y ella en Tucumán. El dirigente radical, especialmente en su lugar de nacimiento, era conocido como Pedro C., la razón era para diferenciarlo de su padre a quién se lo conocía como Don Pedro.
                Estudió en el colegio Monserrat, de Córdoba y se graduó en Derecho, con el título de Doctor en Leyes y Ciencias Sociales en 1880. En 1884 se casó con Ventura Barros Matheu, su esposa fallecería en 1902. Más tarde, Carlos Molina contraería matrimonio nuevamente, esta vez con Leocadia Ballesteros Barros, la que era la sobrina de su primera esposa. Molina no tuvo descendencia con ninguna de sus esposas, los hijos que tuvo con Ventura Barros Matheu murieron muy jóvenes.
                Molina, además de abogado, fue periodista y poeta. Comenzó su trabajo como periodista en 1885 en el diario El Eco de Córdoba, con fuerte tendencia con el catolicismo, además escribía para una revista de Francia. En 1890 compró a los doctores Sixto Arias Moreno y David Linares el diario La Libertad, periódico que utilizó para propagar sus ideas liberales y como herramienta para la acción política de la UCR, siendo este diario un claro elemento propagandístico para la Unión Cívica Radical. El perfil claramente opositor de este diario conllevó a que fuera clausurado cuatro años después de su inauguración por el gobierno provincial, retornando posteriormente su publicación. Hacia 1912, el director de La Libertad era su hermano Abraham, también radical de gran relevancia en la provincia y firme defensor de los postulados del radicalismo, el diario desaparecería finalmente en 1914.
Fundadores de la Unión Cívica Radical
                Pedro Molina es injustamente olvidado por los libros de historia, Es muy poco lo que se escribió sobre él, si se tiene en cuenta lo que significó en la vida política nacional, tal vez esto sea porque su figura quedó opacada por la de Hipólito Yrigoyen. No ejerció cargos públicos, pero sí partidarios. Mitrista en un comienzo, en Córdoba, fue uno de los fundadores de la Unión Cívica, ocupando el cargo de Vicepresidente de la Comisión Directiva local constituida el 15 de mayo de 1890, ya en 1891 pasó a ser su presidente. También fue uno de los líderes de la revolución en Córdoba que estalló en esa provincia el 21 de mayo.
                Fue uno de los fundadores de la Unión Cívica Radical, y miembro de la primera Convención Nacional en 1891. Luego de la derrota de la Revolución radical de 1893 y con el fallecimiento de Leandro Alem, la UCR quedo casi extinguida, por esos tiempos, Pedro participó junto a Elpidio González en el Partido Republicano liderado por Emilio Mitre a nivel nacional, fuerza política que pretendió representar el espacio opositor al roquismo. En 1903 cuando el radicalismo se reorganizaba en torno al liderazgo de Hipólito Yrigoyen, Pedro fue convocado junto a Elpidio por el Doctor Gallo a través de una carta en la que lo calificaba como uno de los “correligionarios más importantes de la República”. En 1903, Pedro Molina fue elegido presidente del Comité Nacional de la UCR. En 1905 fue elegido para ocupar la Presidencia provisional de la Nación en el caso de que la revolución radical fuera triunfante. Ante el fracaso de la Revolución Radical se asiló en Montevideo.
                Al poco tiempo regresó de Uruguay para dedicarse exclusivamente a las actividades agrícolas en sus propiedades, y recomponer una fortuna personal que había sido afectada por solventar los gastos de la Revolución. En 1909 renunció a su cargo de presidente honorario del Comité Central de la Provincia de Córdoba, hecho que derivó en el intercambio epistolar con Hipólito Yrigoyen. Este abogado y doctor en jurisprudencia mantuvo una respetuosa polémica con el doctor Yrigoyen que marcó el rumbo definitivo, popular y progresista de la Unión Cívica Radical. Los argumentos centrales que esgrimió Molina para explicar su renuncia fueron que la UCR habría abandonado su programa liberal político y económico y que los “personalismos” habían viciado la disciplina partidaria. Lo cierto es que desde 1909 y hasta su muerte, dejó de participar activamente en la política.
                Sin embargo, su influencia dentro de la UCR cordobesa siguió siendo notable, en marzo de 1912, en la Convención partidaria provincial constituida para elegir los candidatos a Diputados Nacionales, resultó elegido molina sin siquiera participar en dicha Convención, Elpidio González encabezó la diligencia de ir a su casa a solicitarle que aceptara la nominación. Fue el único de entre los candidatos presentados por la UCR que resultó electo, cargo al cual renunció sin llegar a asumir. Pero además, a fines del mismo año su nombre era uno de los que resonaba con fuerza como posible postulante a Gobernador, propuesta que el propio Molina declinó.
                A fines de 1913, regresó a la política al adherirse al Partido Radical Principista, liderado por su hermano Abraham. Sin embargo, su rol en el partido “molinista”, como era llamado fue el de un referente doctrinario más que el de un líder político. El líder activo del partido, que para 1916 había dejado de existir fue su hermano Abraham.
                Respecto de su pensamiento político, construyó su ideario fundado en el respeto y la defensa de la justicia, la libertad y el derecho. Fue un activista de las libertades y derechos individuales, por eso se lo recuerda como un liberal, participó en dos revoluciones políticas, aunque no era muy partidario de la lucha armada, aunque el mismo financió las campañas revolucionarias del radicalismo.
                Dudaba que  la instauración del sufragio universal y la existencia de comicios transparentes mejoraran la vida política argentina con respecto de la República Oligárquica. Molina pensaba, que el progreso moral de la sociedad política y la educación cívica y ciudadana del pueblo era una necesidad anterior a la instauración del sufragio libre. “Creo, como los disidentes, que la misión de los partidos políticos está en la lucha por la defensa de su credo en el comicio… cuando está abierto, y cuando no lo está, como ahora, en la cátedra, en la prensa, en la tribuna, en la escuela misma, enseñando a las generaciones y a los pueblos el cumplimiento de sus deberes cívicos, redimiéndoles de su ignorancia, transformándolos de instrumentos de las comanditas oficiales, en seres libres, conscientes y útiles para las sociedades de que forman parte”.
                Fue un férreo defensor del liberalismo político y económico desde su juventud. Su propuesta coincidió plenamente con la de su amigo Leandro N. Alem. Para estos dos personajes, el “deber histórico” del radicalismo consistía en maximizar el disfrute de la “libertad”, que entendían debía ser tanto económica como política. Su programa político comprendía propuestas tales como el divorcio vincular y la separación de la Iglesia y el Estado, como así también terminar con los privilegios de  un estado oligárquico.
                Tal vez la acción más importante de Molina sea la fundación de la ciudad de Almafuerte. En 1663, el gobernador de Córdoba Lucas de Figueroa y Mendoza le concedió tierras por la destacada actuación en la conquista al capitán Alonso de Molina Navarrete y Zorrita, por lo que puede afirmarse que la familia del fundador ya había echado raíces en estas tierras a fines del siglo XVI. Molina era dueño de la estancia “La Ventura”, también de su vecina “Monte Grande”, en donde está hoy el barrio de ese nombre en Río Tercero. Otra fue “La Merced”.
                El doctor Pedro Carlos Molina, planificó todo en torno a las tierras pertenecientes a su estancia "La Ventura", ubicada en las proximidades de la costa del lago. Demarcó las calles, las avenidas, cada una de las plazas, parques, el lugar de los edificios públicos, el centro cívico, la escuela y la iglesia, todo como veía en la ciudad de La Plata. Fue tanta la visión del fundador que cuando se pusieron en venta los primeros lotes, cada parcela ya contaba con su conexión de agua corriente. Aquel incipiente pueblo resultaba también atractivo por las posibilidades de trabajo que ofrecía el obrador del dique de Embalse, ya que los materiales llegaban por tren hasta Almafuerte. Molina sabía también que el agua era un factor importante para el desarrollo del pueblo. Fue por eso que entre 1880 y 1890 construyó un dique para llevar agua a los campos a través de un canal que atraviesa cerros a lo largo de 12 kilómetros, una verdadera obra de ingeniería que hizo y que concluiría con la fundación del pueblo de Almafuerte el 12 de septiembre de 1912, día en que fueron aprobados los planos que presentó. La ciudad de Almafuerte fue el resultado de la tenacidad de un hombre que no resignó su idea de fundar un pueblo próspero.

                Entre las obras que realizó El Doctor Molina en sus tierras, además de la fundación del pueblo de Almafuerte, también encontramos un dique; un extenso túnel que atraviesa varios cerros; un acueducto sobre un arroyo y cinco canales que sumados recorren como una gran mano 25 kilómetros. Hoy, todavía genera vida para las quintas que rodean a Almafuerte. La obra se inició en 1886, con el objetivo de retener el agua del río Ctalamochita (Tercero) y llevarla en canales para regar los viñedos y frutales que Molina tenía en su estancia. “Molina quería encontrar la manera de mejorar sus campos y construyó un dique sobre el río, cuando no existía ningún embalse”.
                Al fallecer el Dr. Molina el 1° de junio de 1920, a los 65 años, pese a que se trataba de un ciudadano particular, el presidente Hipólito Yrigoyen, personalidad gigantesca, rompiendo todo protocolo burocrático, le decretó honores a Pedro C. Molina por los grandes y desinteresados servicios prestados a la Nación Argentina.

Pablo Eduardo Vázquez